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bondinho de santa teresa Rio de Janeiro

Conocido familiarmente por los cariocas y visitantes como el Bondinho de Santa Teresa, lo que en español sería un forma cariñosa de referirse al tranvía (bonde), este mítico medio de transporte que por décadas ha unido el Centro de Río de Janeiro con el barrio de Santa Teresa, enclavado en lo alto de un morro, ha sido y seguirá siendo un elemento fundamental de la historia y la tradición de la ciudad.

Aunque dos graves accidentes ocurridos en 2011, que tuvieron como consecuencia varias víctimas mortales, obligaron al cierre del bondinho de Santa Teresa, la última línea de tranvías que aún sobrevivía en Río, hoy los cariocas están de enhorabuena, porque después de años de paralización, se han terminado las obras de modernización de la vía y pueden volver a disfrutar de su querido bondinho que, ampliado y modernizado como parte del proyecto Porto Maravilha, vuelve a recuperar su lugar dentro del paisaje del barrio y como uno de los atractivos turísticos fundamentales de la ciudad.

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Y es que la relación de los cariocas con sus queridos bondes o tranvías, se remonta a siglos atrás, cuando jugaron un papel fundamental para la expansión de Río de Janeiro y facilitaron la movilidad de las personas por la zona centro, que a principios del siglo XX se hallaba restringida.

La tradición de los bondes en Río se inició en el siglo XIX, para ser exactos el 30 de enero de 1859 cuando el primer carro, en ese momento de tracción animal, llegó a las calles de forma experimental por iniciativa del médico escocés Thomas Cochrae. Poco después, el 26 de marzo, el emperador Don Pedro II presidió la ceremonia oficial de inauguración del servicio regular del primer bonde de Río de Janeiro, cuya ruta cubría el área de la Cidade Nova. Los carros de esos primeros bondes, que eran tirados por burros, tenían capacidad para 16 personas.




A partir de ese momento se inició una rápida expansión de las líneas del bondinho por la ciudad y de alguna manera, eso influyó en la forma como ésta se organizó. El bonde se convirtió en el mejor medio de transporte de la época y en un sinónimo de modernidad.

En 1892 llegó a Río de Janeiro el primer tranvía eléctrico de América del Sur y poco después, en 1896 inició sus actividades el bondinho de Santa Teresa consagrándose desde el primer momento como una seña de identidad del barrio y ganándose el corazón de sus habitantes. La línea partía de la Praça XV en dirección al Largo do Guimarães, pasando por la rua do Aqueduto (actual Almirante Alexandrino), convirtiéndose así en una ruta única ya que circulaba por encima de los Arcos de Lapa (siguiendo el que un día fue el camino del agua del acueducto) y ofreciendo a sus pasajeros una vista inigualable de la ciudad.

bondinho de santa teresa sobre los arcos de lapa rio de janeiro

El bondinho de Santa Teresa pasando sobre los Arcos de Lapa

Durante las primeras décadas del siglo XX, todos los bondes, no sólo el famoso bondinho de Santa Teresa, formaban parte integrante del paisaje carioca e incluso sirvieron de inspiración para creaciones artísticas como la opereta radiofónica llamada “A Noiva do Condutor” (La novia del conductor) compuesta en 1935 por Noel Rosa, o la canción de samba “O Bonde São Januário” escrita en 1937 por Ataulfo Alves y que fue un éxito en el Carnaval de ese año.

No obstante, a partir de 1940, la crisis financiera y la aparición cada vez con mayor fuerza de los autobuses como alternativa más rápida y más fácil de expandirse por la ciudad, ocasionaron el paulatino declive y desmantelamiento de los bondes. La única línea que consiguió sobrevivir fue la del bondinho de Santa Teresa, en parte porque su diseño facilitaba el acceso a la parte alta del morro del mismo nombre y en parte porque se había convertido en una de las atracciones turísticas de Río de Janeiro.

La buena noticia es que Rio tiene un ambicioso plan de modernización y, siguiendo el ejemplo de ciudades europeas como Amsterdam, que cuenta con uno de los mejores sistemas de tranvías del mundo, los tan añorados bondes poco a poco vuelven a circular por la Ciudad Maravillosa. El nuevo bondinho de Santa Teresa une la región portuaria del centro con el aeropuerto Santos Dumont y amplia su trazado de 7 km a 10,5 km, facilitando la movilidad y redimiendo de alguna manera un medio de transporte que está profundamente ligado a la historia y tradición carioca.

Pero aunque los nuevos vehículos son modernos, el diseño del bondinho de Santa Teresa sigue las características estéticas de los tradicionales carros amarillos que circulaban por el barrio, aunque por supuesto ahora con los más avanzados sistemas de seguridad. De esta manera y más allá de la estética no sólo se pretende mantener la tradición sino consagrar a los bondinhos como patrimonio histórico y cultural de la ciudad.

Por suerte para los cariocas y para los millones de personas que visitan Río de Janeiro, esos familiares coches de de madera de color amarillo han vuelto a circular por lo alto de los Arcos de Lapa, conquistando las pronunciadas pendientes del morro de Santa Teresa y regalando a sus pasajeros unas vistas maravillosas.

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